Desde Curuzú Cuatiá, el Obispo invitó a contemplar los desafíos de la época actual marcada por el desarrollo de la inteligencia artificial

El obispo de Goya presidió la misa central en honor a Nuestra Señora del Pilar y llamó a vivir bajo la mirada amorosa de Dios, con fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. Reflexionó sobre los desafíos de la inteligencia artificial y destacó las prioridades del plan pastoral diocesano. El prelado acompañó a la comunidad de Curuzú Cuatiá en la celebración de su fiesta patronal.

HOMILIA

El obispo invitó a contemplar los desafíos de la época actual, marcada por el desarrollo de la inteligencia artificial, y advirtió sobre la necesidad de custodiar la dignidad de la persona humana.

Monseñor Canecín, destacó el documento Magnifica humanitas, del papa León XIV, dedicado a la dignidad humana en la era de la inteligencia artificial, como una “contribución para discernir los aportes de la ciencia y la necesidad de establecer marcos éticos que orienten su desarrollo”.

“Estamos en el tiempo de la inteligencia artificial, con todas las posibilidades, pero también con los límites y los desafíos que son enormes en todos los ámbitos y en todos los aspectos”, expresó.

 Monseñor Canecín señaló que “los avances científicos son fruto de la inteligencia humana creada por Dios”, pero alertó que, “cuando no existen límites ni orientaciones éticas adecuadas, sus consecuencias pueden volverse contra el propio ser humano”.

Frente a este cambio de época y a la crisis de civilización, invitó a pedir, por intercesión de la Virgen del Pilar, “fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor”.

En otro momento de su predicación, el obispo se refirió a las tres prioridades del Plan Diocesano de Pastoral: la centralidad de Jesucristo, los jóvenes y la Iglesia en salida.

Destaco la participación de los jóvenes en el templo parroquial y evocó la exhortación apostólica Christus vivit, del papa Francisco, y su mensaje: “Cristo vive, Cristo te quiere vivo”.

Animó a la comunidad a continuar “promoviendo una Iglesia que ponga a Jesucristo en el centro de su vida y misión, que acompañe a los jóvenes en sus búsquedas y decisiones, y que salga al encuentro de todos, especialmente de quienes más necesitan experimentar la cercanía y la misericordia de Dios”.

Uno de los momentos más significativos de la homilía estuvo dedicado a la mirada de la Virgen del Pilar, bajo cuya protección creció la comunidad de Curuzú Cuatiá.

 “Qué lindo es que nosotros nos sintamos bajo la mirada de la Virgen del Pilar”, expresó monseñor Canecín, y recordó una frase de san Juan de la Cruz: “En Dios mirar es amar”.

“En el Magníficat, María proclama que Dios miró la pequeñez de su servidora”, dijo el obispo.

 Explicó que “la mirada de Dios no condena ni discrimina, sino que ama, libera y dignifica. Dios mira, no juzga, no acusa, no echa en cara, no discrimina, no recrimina, no amenaza. En Dios mirar es amar; Dios cuando mira, ama”, afirmó.

Invitó a “dejarse mirar y amar por Dios, reconociendo el valor profundo de cada persona y la dignidad que nace de saberse amada desde siempre por el Creador”.

Animó a “realizar la experiencia personal de sentirse amado por Dios, como camino para sanar las heridas, crecer en una autoestima saludable y vivir con mayor libertad. Yo los invito a que nos pongamos bajo la mirada de María, poder sentir, gustar y experimentar su mirada, confiando a la intercesión de Nuestra Señora del Pilar la vida y el caminar de toda la comunidad” de Curuzú Cuatiá .

PRENSA OBISPADO DE GOYA

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